El megáfono quería ir, necesitaba saber quien lo había llamado, se lanzo del escaparate donde lo tenían en exhibición, de tumbo en tumbo se coloco en la mirada del empacador, quien lo introdujo en una caja grande, junto a otros megáfonos, trato de conciliar el sueño.
Se despertó cuando el estridente sonido de un megáfono gigantesco anunciaba la parada, se bajo y se continuó el viaje, lo sacaron a empellones y lo colocaron nuevamente en el escaparate para ser mostrado.
Lo había llamado una niña, de vestido verde de lana, que jugaba a la rayita con su respiración, por el teléfono de colores que tenia sobre una mesita de un color oro, con paño rojo bajo el teléfono.
Ambos sabían que en poco tiempo se encontrarían, en el viaje que tenía programado, a esas tierras lejanas, donde estaba el escaparate.
No hay comentarios:
Publicar un comentario