miércoles, 2 de marzo de 2011

Los colores del alma.


La hora pico no había cambiado mucho, desde que se implanto el transmilenio, con uso de un bien público, como lo son las avenidas de la ciudad, para el disfrute de las ganancias del sector privado, y la pena diaria de los usuarios de sufrir apretones. Jesús opto por tomar el jueves la buseta; en los asientos de atrás dos señoras, una vestida completamente de rosado y otra de azul celeste. Le miraron y él las miro.

Una de ellas, se apresuro a darle un pedazo de papel para quitar de su zapato un pedazo de chicle, que algún desconsiderado arrojo allí, justo bajo la registradora, la otra la de azul celeste, le alcanzo otro trozo de papel, para que limpiara su chaqueta, que tenia los rastros de una zancuda, que se había estrellado contra su chaqueta amarilla y había quedado despanzurrada, al ponerse en movimiento la buseta, y que la semana anterior, había comprado en el barrio Restrepo, en un almacén de los de la época de Gaitán, que todavía existía cerca de la plaza.

El corazón se le enfrió de alegría al ver estos gestos magnánimos. Pero su asombro fue creciendo cuando observó que los pasajeros que se acercaban a ellas, se sentían aliviados de sus dolencias del alma, se sentían confortados y hasta vio que algunos de ellos, que subían como amargados y viejos, después de aquella cercanía se bajaban en su lugar, jóvenes y alegres. Era tal la benevolencia que desplegaban las señoras, que la voz corrió por todos lados de la ciudad, tanto que en el paradero siguiente, las personas hacían cola para subir.

Las señoras de rosado y azul celeste se sintieron incomodas y se asustaron, ellas solo eran unas pasajeras, que se dirigían a visitar a sus nietos, en el barrio de la candelaria, porque salían del país, en los próximos días, rumbo a Barcelona y París respectivamente. Pero tanta era la gente y la exageración, de lo que hacían que se les estaba construyendo altares y ya se alistaban las veladoras, adornando la ruta de la buseta.

Se necesito de la policía, para que las venerables ancianas pudieran llegar a su destino. Ya en casa de sus nietos, se sintieron como eran ellas, lucidas y con ganas de vivir, la muchedumbre habida, de ganas de vivir sin problemas de salud, solo pudo detener la buseta y convertirla en un sitio de romería, en el lugar donde quedo casi destrozada, cuando la policía arremetió, para recuperar a las dos abuelas.

1 comentario:

  1. Esposo mio, Gracias por plasmar en tus escritos realidades de nuestra querida Bogotà, tan folclorica y tan parecida a otros pueblos de nuestra tierra latino Americana.Este es tu tiempo, tu espacio, tu tarea y tu compromiso con la humanidad. Continua.

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