miércoles, 2 de marzo de 2011

Problemas.


Al comienzo del año le habían otorgado la última estrella, ya era general de la república, era el domingo al amanecer, cuando lo subieron en andas al helicóptero, que hacía poco habían llegado de estados Unidos. El consumo de alcohol fue abundante, con el cual el general brindo por sus éxitos toda la noche, y especialmente por las ganancias, que se las colocaron a sus pies, después de ser acostado cuidadosamente en el interior del aparato, eran dos morrales de campaña repletos de dinero.

El piloto puso las aspas del rotor en movimiento y se elevo, el helicóptero se vio en el horizonte, con la majestuosidad del amanecer, como un pájaro, cansado, que llevaba en su interior un alimento pesado. A la altura de uno de los barrios más encopetados del valle grande, el piloto escucho la noticia de los últimos acontecimientos del norte de África, y deseo en lo profundo de su corazón estar ahí para que aquellos revoltosos, supieran quien podía sostener a esos gobiernos desde el aire. Subió el volumen del radio y se quedo estupefacto.

Las nubes del amanecer lluvioso, no le permitieron ver el objeto que cayó del helicóptero, atrás el general sin darse cuenta, en lo profundo de su sueño, al estirar la pierna, empujo sin que el soldado que le cuidaba y estaba a su lado pudiera hacer algo, con este gesto, empujo uno de los morrales repletos de dinero al vacio. El piloto apago la radio y siguió su rumbo, tal cual como se había planeado.

El morral se precipito a tierra pero antes de caer, se quedo enredado entre las ramas de un frondoso árbol, que se mecía en la esquina del parque del barrio santa marta.

Al anochecer cansado de su trabajo y mascullando palabras soeces, contra el régimen que los oprime, llegaba Alfonso a su apartamento, lo había tomado en arriendo hacía dos meses, y ya se quería ir, pasó lento bajo de árbol, en medio de sus quejambres contra la vida, cuando un golpe seco le pego en el hombro, le alcanzó a desgarrar la camisa y causarle una escoriación, era el morral repleto de plata, que se había atorado, hasta esa hora en las ramas del árbol y por su peso cayó, en el justo momento en que Alfonso pasaba por allí.

Llego con el morral a la casa, le conto a su esposa, contaron los dos el dinero que no cupo en la mesa del comedor, se miraron y ella en medio de sus verdades le dijo y ahora, ¿qué vamos a hacer?

No hay comentarios:

Publicar un comentario